En la Ruta de la Esperanza…

Es una de las ciudades mauritanas más transitadas, ya que  se cruza en el “Ruta de la Esperanza” una de las arterias de circulación más importantes de África del Oeste y que muchos apodamo como la “Ruta Desesperación” por el mal estado de la carretera, que es como un gran bache con trocitos de asfalto desperdigados. (En francés el juego de palabras tiene más gracia “Route de l´spoir – Route desespoir”) Ahora la están arreglando, pero todo parece indicar que cuando acaben habrá que empezar de nuevo por el principio. El desierto es así,  no le gusta que le coman el terreno y en cuanto miras para otro lado lo recupera.

Pues eso, Boutilimit está en esta carretera a unos 165 Km de  Nouakchot y es históricamente importante por ser centro de escuelas coránicas y albergar una de las bibliotecas de antiguos manuscritos más importantes de Mauritania, junto con Chinguetti.

Esta ciudad es importante para mi porque fue una parada clave en mi primer viaje transahariano. Bajábamos en furgoneta  hasta Burkina Faso y aprovechamos para llevar unas placas solares y mangueras de riego para el Proyecto Rebibir. Instalan bombas que funcionan con energía solar en pozos que ya existen y así consiguen fuentes de riego abundantes y continuas para regar sus huertos, que además de parar las dunas, aumentan tanto su rendimiento que alimentan a muchas familias y todavía les sobra para vender en el mercado.

El viaje fue una odisea, con todo el material cargado sobre la furgo. La baca no resistía y hubo que reforzarla en Rabat. ¡Hasta que encontramos las barras adecuadas! Al final nos las tunearon a golpe de martillo en la puerta de la casa de nuestro amigo Abdallah, que nos alojó sin conocernos de antes y nos buscó solución a nuestro problema, sin pedirnos nada a cambio. La hospitalidad musulmana es así. Y luego en la frontera la policía  nos quería hacer desmontar todo el tinglao para asegurarse de que no habíamos vendido nada en Marruecos. Con lo que nos había costado instalar la baca nueva sin bajar el material, que iba ajustado al milímetro. Al final el menda se contentó con dos latas de cerveza caliente y no nos hizo descargar, menos mal.

Y así poco a poco llegamos a Boutilimit, donde nos recibió el socio de Rebibir allí, el imponente Abdullai, con su majestuoso bubú azul celeste y su mirada a lo lejos, de hombre del desierto.

Recibimiento a lo grande. Nos cedieron una casa para nosotros solitos, para los dos días que allí nos alojamos. Paseamos por la ciudad, visitamos los antiguos restos de los edificios coloniales, mientras nos miraban las mujeres y niños desde la sombra con sus encantadoras sonrisas tímidas.

Y llegó la hora de COMER. Las fuentes eran del tamaño de una rueda de camión, sin exagerar. La primera de dátiles XXL, buenísimos, y como nos pilló con hambre nos comimos cuatro o cinco cada uno. Error. Porque luego vino una fuente del mismo tamaño de cuscús con pollo. Comimos hasta reventar, Y entonces llegó el cordero. Entero. Nuestra cara era un poema. No podíamos rechazarlo, había que comérselo. Nos apretamos un trozo cada uno, y acabamos la comida con un té verde, que fue lo que nos salvó del desmayo. Nos conmovió ver cómo nos ofrecían con esa abundancia exagerada lo que ellos mismos no podían permitirse, pero no hubo manera de hacerles entender que no era necesario. Al día siguiente igual. Y entre el empacho y el calor,pasamos dos días como adormilados.

En el fondo no llegamos a conocer mucho a nadie más que al propio Abdallai, era el año 2010, acababa de producirse el famoso secuestro de los 3 españoles y todo el mundo estaba un poco neurótico, no nos dejaban mucha libertad de movimiento, para no ponernos en peligro. de hecho durante ese viaje nos tocó dormir muchas noches “a la sombra del Kalashnikov” junto a los controles de policía de carretera, que no nos permitían seguir rodando  cuando empezaba ya a caer el sol.

Después he vuelto a Boutilimit en varias ocasiones, sin parar demasiado, por las prisas del viaje, pero me guardo un recuerdo especial de esa primera vez en Mauritania.

¡Ay! Si queréis alojaros allí el “Compexe Touristique” no está nada mal. Bebidas frías, jardincito, cambio de dinero, trato amable y posibilidad de pillar habitación o acampar con tu vehículo. Os dejo unas fotos del sitio de cuando volví a pasar por allí con el Raid Transahara.