“Como ir con tu coche a África y no morir en el intento II” (24 y 25 DIC 2013)

Fueron estos días de mucha carretera. Llevábamos retraso por todo el tinglado del día anterior y nos levantamos con ganas de hacer kilómetros. Desayunamos el clásico té verde marroquí, tan dulce, y salimos escopetados. Las autopistas de Marruecos están recién hechas, son enormes y con poco tráfico. Y claro, son de peaje. Pero teníamos tantas ganas de avanzar que no nos importaba, el caso era recuperar algo de tiempo. Pero por bien que estén las carreteras es muy difícil ganar un día entero. Así que decidimos atrasar nuestro programa, como reza el dicho marroquí,  prisa mata amigo.

Pasamos de largo Rabat y Casablanca, que bien merecían un visita, pero todos habíamos estado allí varias veces. Comimos al estilo pastor, queso y chorizo español en un merendero y al atardecer alcanzamos el palmeral de Marrakech, nuestro objetivo del día. Y allí si. No se puede no parar en Marrakech. Llegamos hasta la plaza de Jamma L´Fna rodeando la mezquita, que sigue majestuosa, como siempre y qué bien le sienta la luz de la tarde… En la plaza nos paseamos entretenidos con los vendedores ambulantes, los coches de caballos, los encantadores de serpientes, las tatuadoras… Todo un espectáculo! Y como no, zumito de naranja en el puesto Nº1, que es exactamente igual que los demás, pero nos hizo gracia. Callejeando llegamos a un pintoresco café que conocía Nines. Allí hacen batidos de frutas naturales y venden pastelitos de miel y frutos secos exquisitos. También esos clásicos crêpes marroquís tan buenos (se llaman semmen pero como fui a colegio de monjas me da corte hasta escribirlo..jijiji). Después de ponernos las botas paramos en un puesto de frutos secos para comprar dátiles para picotear en la furgo al día siguiente.

Dejamos atrás la bulliciosa plaza y volvimos al silencio de la furgoneta en medio del desierto. Antes de dormir un pensamiento para nuestras familias en España, que estarían celebrando la Nochebuena. Dormimos del tirón y nos levantamos con energía y venga Km otra vez. Pasamos de largo Agadir, que cada vez se parece más a Benidorm y llegamos a las preciosas murallas de Tiznit. Ya se empezaba a notar la latitud y la temperatura era primaveral, qué gusto. Allí nos paseamos por las calles del mercado y buscamos una cafetería con wifi, donde tomarnos un té y mensajear  a la familia y amigos para felicitarles la Navidad. Aprovechamos para comprar algunas verduras y mandarinas, que son excepcionales allí.

Por la tarde nos tocó atravesar un puerto muy complicado. Las peazo autopistas se habían acabado. Tocaba carretera reguleras.  Había bastante tráfico de camiones viejos y sobrecargados que se ahogaban antes de empezar a subir la cuesta. Paciencia, no hay otra. Atravesamos TanTan y TanTan Platge y un poco más adelante nos acercamos a la playa para acampar. No hacía viento y la noche se presentaba tranquila y estrellada. Solo una perrita se acercó allí a saludarnos y esperar paciente, por si sobraba algo de la cena. Y entonces llegó una super-caravana con pinta de nave espacial y una pareja de franceses disfrazados como de cowboy dentro. Mira que es grande el desierto…. Pues eso precisamente parece que les daba “respeto” y no quería dormir solos. Así que se acoplaron a nuestro lado, como si eso fuera garantía de algo. Hasta nos pidieron permiso, pero que estamos en medio del desierto hijo mío…. Perpleja me  quedé. En fin, cosas que pasan.