“Como ir con tu coche a África y no morir en el intento III” (26 y 27 DIC 2013)

Nos desperezamos al alba, como el desierto. Y tras ciertas rutinas matutinas nos encaminamos hacia los siguientes controles de paso. Tarfaya y Bodjour.

Echamos unos cuantos kilómetros y nos paramos en el tremendísimo agujero que hay entre la carretera y la costa, que había tornado de playa a impresionante acantilado. Las olas rompían con tanta fuerza allí que había conseguido erosionar el terreno de esta peculiar manera.Desde hace unos años han puesto una cadena que lo rodea, para evitar que los despistados acaben a lo Telma y Louise. el sitio es precioso y la fuerza del Océano se palpa. Y en este caminito no es el único sitio bonito. Un poco más adelante está la Ría Nayla, un mirador espectacular y un humedal lleno de diferentes especies de aves que fueron la delicia de nuestro amigo biólogo. Escuchar sus explicaciones ha sido un lujo, nunca me había fijado en la cantidad de vida que nos rodeaba en estos viajes. Pero donde parece que no hay nada ¡resulta que hay mucho!

Llegamos a Layoun  y en la entrada ¡Zas! Foto en el radar. Cagontó, iba conduciendo tan relajada que pisé el acelerador un poquito más de la cuenta…. Paramos el coche y me acerqué a hablar con los uniformados que me enseñaron la foto y todo. Si, si señor agente tiene usted toda la razón y una máquina modernísima, es una pasada…, pero es que estoy un poco cansada, no me di cuenta de que iba tan deprisa, nunca me había pasado, blablablá… El Poli se apiadó y ¡nos libramos de pagar 30 euracos! Hay que tener mucho cuidado Marruecos y el Sáhara Occidental están sembraditos de radares móviles y van a pillar. No puede uno relajarse hasta pasar el Café Barbás casi en la frontera con Mauritania porque te la calzan.

Después de dar una vuelta por Layoun continuamos hacia el siguiente control de paso en Boudjour. Nos habíamos retrasado y es importante seguir el ritmo. La entrada fue espectacular. Hay un enorme paseo antes de entrar en la ciudad, escoltado por dos interminables filas de farolas con luces azules. Pero si estamos en Las Vegas. Faltaba el cartelito” Faboulous Boudjour”. Qué forma más rara de modernizar las cosas. Tendríais que haber visto nuestras caras, con la boca abierta nos quedamos. A pocos km de allí hay una playa que es el paraíso, habíamos acampado allí otras veces, pero esta vez no hubo suerte, control de policía en la entrada que nos prohibió el paso. Creo que estaban controlando el contrabando, las pateras o yo que sé… Así que montamos nuestro chiringuito un poco más adelante, en pleno desierto, un cielo estrellado inmenso, como nunca había visto, de estos cielos que te hacen pensar en la trascendencia…

Nuevo día y nuevo objetivo: Alcanzar a mediodía el control de paso en el Restaurante Samarkanda de Dahkla. Entramos por la impresionante bahía de “El Río de Oro” lleno de kitesurfers volando con sus cometas, ¡qué sensación de libertad! Ya en la ciudad tomamos té y fuimos al mercado a llenar la cesta de fruta y verdura de calidad, que en Mauritania no es fácil de encontrar. Otro control de paso alcanzado. A por el siguiente, el Café Barbás, cerca ya de la frontera. Allí hay una inmensa Haima con todos los servicios, hotel, restaurante, gasolinera, wifi,… de todo. Hay que aprovechar para llenar allí el deposito de gasoil a 60cent./litro y algún bidón que luego en Mauritania es mucho más caro y no está la cosa para gastar a lo tonto. La sorpresa esa noche fue un Águila Ratonera que vimos tras el frenazo en seco de nuestro ornitólogo favorito. Majestuosa, clavándonos su mirada afilada, preciosa. Con el buen sabor de boca de haberla visto tan de cerca nos fuimos a pasar la noche al fresco, mañana nos esperaba un día duro, los pasos de frontera siempre traen sorpresas y esta no sería diferente…