“Cómo ir con tu coche a África y no morir en el intento IV” (28 DIC- 29 DIC)

Nos levantamos temprano y tiramos para el siguiente punto de control: la frontera de Mauritania. No quedaba lejos así que llegamos en seguida, a las 8 de la mañana ya estábamos en la cola. Algunos llevaban allí toda la noche,casi todos africanos, menos dos coches en los que viajaban unos suizos y nosotros. Me llamó la atención un tipo sentado en una mesita de camping junto a los puestos de control. Pues resulta que es un escribano (profesión que creía desaparecida) y ayuda a cambio de unas monedas a rellenar los impresos a la gente que lo necesita. Otra vez paradojas espacio-temporales en África, el Siglo XXI convive con el Medievo y nopasaná.
A las 9 abrieron la frontera y la linea de coches empezó a avanzar despacio. A las 12 habíamos completado todos los trámites en el lado Marroquí: Policía, Aduana y Gendarmerie y nos adentramos en la famosa Tierra de Nadie. Un par de km de paisaje Mad Max, coches desguazados y un extraña población de compradores y vendedores de coches que tiene su bussines allí donde nadie controla, en el ángulo muerto del Gran Hermano. Vimos a un chico con el que coincidimos en la cola esa mañana regresar hacia la frontera a pie. Ya había colocao su buga.
Llegando al lado Mauritano nos encontramos con Mobtar un antiguo amigo de Nines, que en tiempos tuvo un camping en Nouadibou y que nos explicó que ahora ya pueden tramitarse los visados directamente allí en la frontera. El puesto de control mauritano parece como si hubiera hecho un viaje en el tiempo y a medio camino les desenchufaron la máquina. Tienen lectores de banda magnética para los pasaportes, te escanean las huellas y te hacen una foto al más puro estilo USA, pero todo en escritorios desvencijados y con dos dedos de polvo por encima…

Bueno,eras las dos de la tarde y habíamos pasado la frontera, bien!
El siguiente control de paso se encontraba en el paradisíaco CaboTafarit, una playa de aguas tranquilas y templadas ideal para relajarse después de la dura jornada. Pero teníamos un problemilla: 70 Km de arena por delante en una pesada furgoneta 4×2 y sin ningún compañero para tirar de nosotros en caso de atasco…. Puff! Nos lo pensamos dos veces y dejamos el camino del paraíso por miedo a que se convirtiera en un infennnno. Resignados seguimos en dirección a Nouakchot.
Esa noche dormimos en un poblado junto a uno de los numerosos controles de carretera (más de 50 entre Sáhara Occidental y Mauritania). El Islam obliga a ser hospitalario con los viajeros. Por eso en cada poblado hay una casa vacía, que siempre está disponible para el que está allí de paso.
Al día siguiente llegamos los primeros 😉 al puesto de control del Hotel “El Amane” junto al mercado central de Nouackchot. Desayunamos en el oasis de su patio y aprovechamos para cambiar algo de dinero, comprar melfas en el mercado y acercarnos hasta la embajada de Mali para sacarnos el visado. Después fuimos a comer cuscus con cordero a un restaurante típico. Nos miraron un poco mal, porque allí hombres y mujeres comen por separado, de hecho en el restaurante hay una especie de “reservados” y nunca se mezclan. Pero nosotros semos españoles…. y nos lo consienten casi todo.
Ya por la tarde, con un poco de desfase en cuanto a tiempos, salimos hacia el siguiente control, Boutilimit. Pero se nos hizo de noche por el camino y como no se debe conducir a esas horas nos tocó de nuevo dormir junto a los uniformados. Mañana más.