“Cómo ir con tu coche a África y no morir en el intento V” (30 DIC – 31DIC)

Esa mañana salimos rápido, queríamos alcanzar el siguiente Control de Paso: Boutilimit. Aunque el desierto nos tenía enamoraos, ya teníamos ganas de alcanzar el África Negra, verde y frondosa. Y todo se presentaba bien. Llegamos enseguida y atravesamos la bulliciosa ciudad, llena de puestos de mercado, mujeres envueltas en sus melfas de colores, los hombres con sus bubús blancos y azules, coches, camiones, carros, burros, perros, camellos… de tó, niña, de tó.

La carretera entre Boutilimit y Kiffa estaba requetenueva. Un placer rodar por allí, disfrutando de un paisaje que cambia todo el rato. El desierto se transforma en un bosque tropical seco, lleno de especies de plantas y animales diferentes. Un poco mas tarde el paisaje volvió a cambiar  y aparecieron grandes rocas y después un precioso palmeral. Estábamos a punto de alcanzar el Paso de Djouk. ¡Y el paisaje se seguía animando! Con acacias, colinas rocosas, campamentos de nómadas maures y poblados con casa de barro. Unos 100 km hacia el este se encuentra la ciudad de Kiffa. Allí nos alojamos en el camping “Fare du Desert” donde pudimos disfrutar de una ducha con agua caliente ¡Agua caliente! ¡Que abres el grifo y sale agua caliente! Un lujo… Y no solo eso, sino  que había también enchufes ¡Enchufes! ¡Que enchufas el móvil y la cámara y se carga la batería! Otro lujo… Definitivamente estábamos asilvestrados perdidos…

Y otro día amaneció, el último del año. Seguimos por la carretera nuevísima rumbo al siguiente punto marcado en el mapa, Tintane . Pero el avanzar km con alegría se nos acabó pronto y llegamos a “La Gran Obra”. Claro, la carretera estaba nueva porque la estaban arreglando, pero luego estaban las obras y luego los restos de carretera vieja…. Se acabó lo bueno, ains! Y otra vez decidimos cambiar el itinerario previsto para el Raid. Y otra vez por el mismo motivo, nos daba cosa meter la furgo por las pistas de Tintane a Yelimane y quedarnos atascados o tener una avería allí y eternizarnos. Así que decidimos continuar por el asfalto  hasta Ayoun el Atrouss  y entrar a Mali por el puesto de Kobeni – Gogui. ¿Fue la decisión correcta? Quizás no…

Pero bueno, esa tarde llegamos despacito a Ayoun el Atrouss. Se nos habían acabado las “fichas” o fotocopias de los pasaportes que entregábamos en los controles de carretera. Habíamos gastado más de 50. Y ya dentro de la ciudad, otro control.  Nos dio el alto a toque de silbato un uniformado, pero que muy uniformado. Llevaba todo tipo de medallas y galones y según se acercaba  nos dimos cuenta que muchos estaban hechos con chapas de cocacola… Era “Le Général”. Personaje con una afectación solar considerable preocupado por facilitarnos la estancia en “su” ciudad. El pobre quedo muy decepcionado al comprobar que habíamos olvidado traerle un regalo. “Mais c’est pas possible, Je suis Le Général!!”

Después de media hora de disculpas, conseguimos escaparnos a un camping a las afueras. Nos preparamos un buen aperitivo y la cenita de nochevieja. Nos echamos unas risas recordando anécdotas y las doce de la noche nos comimos doce gajos de mandarina al ritmo que marcaban los golpes de una cuchara sobre un plato de camping. Nos fuimos a dormir cada uno pensando en nuestras cositas, haciendo nuestro balance en este rincón del mundo.