“Como ir con tu coche a África y no morir en el intento VII” (2-3 ENE)

Salimos de la “Maison de Jeunes” con el espíritu renovado. Teníamos ganas de recorrer kilómetros, volver a la carretera libres otra vez.
Fuimos a cambiar algo de dinero, desayunamos y tiramos para el siguiente control de paso en Segou. La verdad es que íbamos ya totalmente desfasados con respecto a la programación inicial del Raid, pero oye, qué le vamos a hacer, nosotros seguimos.
La carretera estaba en un estado “pasable” y llegamos a Ségou a la hora de comer. La entrada es preciosa, grandes árboles a ambos lados de la avenida y majestuosos edificios coloniales. Nos acercamos hasta el puerto donde observamos el trabajo y la vida tranquila en Malí. Habíamos recorrido ya muchos km por el país y por el momento solo habíamos encontrado la vida cotidiana y tranquila. Sin peligros ni cosas raras, solo la vida normal. Eso si, ni un solo turista. Los medios siguen empeñados en meternos el miedo en el cuerpo y que nos estemos quietecitos. Pero hay cosas que hay que ir, verlas y contarlas. Malí es muy grande, y el conflicto que permanece latente en el gran Norte, queda muy lejos de aquí.
Comimos Ragout de Gname en un pequeño restaurante y continuamos nuestro camino. Al anochecer, a unos 100 km de San, salimos de la carretera por una pequeña pista y buscamos un lugar para acampar en la brousse. Esa noche me despertó el eco de unos tambores a lo lejos. Qué sensación, ahora si, ya estamos en ÁFRICA.

Al día siguiente nos tocó un cacho de carretera malo, malo, lleno de agujeros. Y en un despiste ¡zas! Rueda derecha de golpe en un boquete y todo el aceite del amortiguador fuera. ¡Cachissss! Fuimos con mucho cuidadito avanzando, intentando no estropearlo más. Y de repente Nines dice “Pues a mi me huele a gasolina ¿a vosotros no? A ver si se ha roto algo más que el amortiguador…” Nos bajamos, lo revisamos todo, ni goteos, ni rastros ni nada…qué raro. Continuamos. Pues a mi me sigue oliendo a gasolina…. Otra vez a revisar todo, la tapa del depósito, abrimos el capó, manguitos, todo… Y nada, no encontrábamos el escape. Normal, porque no era gasolina, era la bombona del camping-gas que en un bache se había aflojado y se estaba escapando todo el gas. Pahabernosmatao.
Bien pasado el mediodía llegamos a Mopti, donde nos recibió con alegría el entrañable Babilón. Un guía ya retirado que es amigo de Nines desde hace más de 20 años. Domina muchísimos idiomas y ahora trabaja como traductor para la ONU al norte en Tombouctou.
Después de comer algo fuimos al mecánico para solucionar lo del amortiguador y mientras esperábamos allí fueron llegando los artesanos con sus mercancías. Nines aprovechó para hacer algunas compras para la tienda y César y yo disfrutamos del espectáculo. Después fuimos a tomar una cervecita con los amigos, nos lo merecíamos. Y después Babilón nos invitó a cenar pescado con aloko (plátano frito).
Esa noche nos instalamos en la azotea de la su casa desde donde divisábamos los tejados de Mopti y corría el aire fresco por la noche. Aunque también llegaba la música estridente de una discoteca cercana y más tarde los rezos amplificados de la mezquita. En fin, la vida en Mopti c´est comme ça…