Por la mañana muy temprano…

…nos despertó el ritmo musical de las mujeres moliendo cereal en sus grandes morteros. Lo hacen temprano para evitar el calor y al ritmo por que lo llevan en la sangre. Buena manera de comenzar el día. Después de tanto tira, tira, era el primer día que íbamos a pasar en el mismo sitio, sin movernos y tuvimos que luchar con nuestra inercia de salir corriendo noseadonde.

Nines tenía que buscar, elegir y comprar piezas de artesanía para la tienda que la Asociación Angatá  tiene en Madrid. Acompañarla en este trabajo fue un placer.

Primero vinieron las jovencísimas vendedoras de cajas de calabaza, que sus madres hacen con paciencia y exquisito gusto. Después fuimos a visitar al anticuario Amadou que ofrecía preciosas tallas en madera y esculturas de bronce representando a los personajes principales de la cosmovisión Dogón que es mágica y única en el mundo.

Visitamos también a las mujeres que tejen y tiñen con índigo los paños de algodón. Sus manos azules desplegaban preciosos tejidos con diferentes tonos y motivos.

Y a continuación a los chicos que decoran los ponchos de bogolán con una ancestral técnica de teñido con tierra, aunque los motivos se han ido modernizando y lo último es la imagen de Bob Marley  dándole a lo suyo. Son los contrastes de África. Flipante.

Más tarde sentados junto a la Tougouna o Casa de la Palabra , donde se reúnen los ancianos a discutir las cuestiones del pueblo, el sabio Babylón nos explicó un poco acerca del pueblo Dogón, su historia y su forma mágica de entender el mundo.

Por lo visto los Dogón son un pueblo de agricultores con profundas raíces animistas que llegaron a Bandiagara sobre el s.XI huyendo de los que se empeñaban en convertirlos al Islam.

Al llegar allí se encontraron con los habitantes originales de la falla, los Tellem,  cazadores pigmeos que habitaban diminutas casitas construidas en las paredes de roca algunas casi inalcanzables. Así se protegían de sus enemigos y de las fieras que entonces vivían abajo, en la planicie.

No está claro si se produjo un mestizaje entre los dos pueblos o si los invasores acabaron con los habitantes primeros. El caso es que se conservan algunos apellidos Tellem y una gran influencia en las representaciones artísticas, pero ningún vestigio biológico.

La cosmovisión Dogón se basa en un Dios creador, Amma, que hizo el universo y a los hombres que no conocían la muerte, simplemente al llegar a cierta edad se transformaban en serpientes y entraban en un mundo desconocido. Todos los Dogón provienen de cuatro parejas cuyos espíritus reciben el nombre de Nommos y representan el principio de la fuerza vital.

Y por si no había bastante misterio están los estudios de varios antropólogos, que atribuyen a los antiguos Dogón conocimientos astronómicos imposibles de obtener sin tecnología moderna. En concreto la existencia de la estrella Sirio. Y se habla también de que los Nommos eran seres anfibios que llegaron del cielo en una nave voladora. Vamos, que la única explicación lógica para todo esto, y para tantas otras cosas en la vida, es un contacto extraterrestre. Y de hecho las representaciones de los Nommos son cabezonas y con ojos enormes, alienígenas clásicos, de los de toda la vida.

Claro que existe una gran controversia con todo este tema, pero a mi me encanta creer en estas cosas, qué le voy a hacer.

Pues entre historias y arte pasamos este día al pie de la imponente pared de roca, que ahora nos imponía todavía un poco más. La vida tranquila y cotidiana del poblado de Endé continuaba rodeada de su halo de misterio. Puro realismo mágico.