Fue este un día placentero…

 

El día entero en Mopti para descubrir los rincones de esta ciudad a la que llaman la Venecia de Malí. Está formada por tres islas unidas por diques. Se encuentra entre Segou y Tombouctou, en las confluencia de los Ríos Níger y Bani. Y es uno de los puertos más importantes, por ser paso obligado de las rutas comerciales, de mercancías y viajeros hacia el Gran Norte de Malí.

Por la mañana visitamos a los anticuarios de Mopti, descubriendo y disfrutando de las tallas en madera, máscaras, figuras de bronce, joyas de allí y de otros lugares y escuchando las historias y significado que cada pieza conlleva.

Después fuimos a comer a casa de otro amigo Abuobakar que nos recibió con una enorme fuente  de arroz y pescado fresco del río. Delicioso. Y otra fuente enorme de papaya y bananitos. Salimos de allí rodando.

Nines continuó con sus compras. Y César y yo decidimos darnos una vuelta por los Ríos Níger y Bani en una pinaza, acompañados por un remero y un guía.

Me impresionó ver la ciudad desde fuera, el bullicio, el puerto lleno de barcazas cargando y descargando mercancías. Los rudimentarios astilleros con las barcas recién pintadas, chillonas y a estrenar. El mercado lleno de puestos apretujados alrededor de la zona de descarga vendiendo especias y placas de sal. El gran barco que cubre la ruta hasta Tombouctou en la época de lluvias, cuando el río tiene suficiente agua para navegar. Las orillas donde se lavan los coches, la ropa y los niños, todo a la vez.

Y el contraste extremo en cuanto nos alejamos un poquito, las aguas tranquilas, las aves, los pacientes pescadores tirando sus redes, la gente que cruza de una a otra orilla

A las orillas de estos ríos conviven desde siempre dos pueblos muy diferentes.

Los primeros son los Bozo, los orgullosos reyes del río, los pescadores. Visitamos su poblado donde secan y ahuman el pescado usando técnicas ancestrales, reparan sus redes y barcas y llevan una vida tranquila y sencilla a las orillas del Níger.

Comparten su vida con otro gran pueblo, los Peul, transhumantes propietarios de los grandes rebaños que pasan una buena temporada allí, mientras los frondosos pastos alimentan a su ganado.

Y después el atardecer… amarillo, sereno, lleno de paz. Meciéndonos regresamos ya casi de noche a la ciudad de Mopti con su maravillosa vida, que no cesa.