La entrada al País Dogón

Este pueblo es el primero que encontramos  al acercarnos a la Falla de Bandiagara y la entrada al misterioso País Dogón.  Al visitar cualquier pueblo de África Occidental es norma obligada buscar  al Jefe del poblado nada más llegar como muestra de respeto y pedirle permiso para visitar su pueblo. El anciano jefe casi ciego de Kani Kombolé fue muy efusivo mostrándonos su alegría tras meses sin ver un turista por allí. Los saludos africanos ya son largos de por sí, pero este se llevó el premio. Todavía nos estaba saludando cuando nos fuimos, después de varias horas….

El pueblo estaba tan tranquilo…. Los hombres y mujeres adultos estaban trabajando en el campo y en solo  quedaban en el pueblo los viejos, descansando a la sombra y los niños jugando y observándonos curiosos en la distancia. Alguno más atrevido se acercó para pedirnos un caramelo o una moneda, pero en seguida volvieron a unirse al pelotón de seguidores que se asomaban detrás de un árbol o de una esquina cada vez que dábamos un paso.

Las casas están construidas con ladrillos de adobe que ellos mismos fabrican, incluida la pequeña mezquita de estilo sudanés. Allí desde 1988.

Este pueblo, y todos los dogón, tienen su propia cosmovisión y su religión es animista. Precisamente llegaron a esta falla huyendo de la islamización hace siglos, pero ahora se pueden encontrar mezquitas y madrassas en casi todos los poblados. En todo África Occidental conviven formalmente el cristianismo y el islam, pero en el fondo, la devoción a los espíritus de la naturaleza y a los ancestros es la más profunda en el corazón de los africanos.

Kani Kombolé fue fundada por una pareja de Tellem (pigmeos) que fueron los primeros habitantes de la Falla. Construyeron sus casas en la pared de piedra para resguardarse sus enemigos y de las fieras que entonces habitaban la planicie. Tenían poder para volar y atravesar los muros, entre otras dotes sobrenaturales. Como no les gustaba convivir con los humanos ordinarios, se fueron en dirección a Burkina Faso cuando llegaron los Dogón, que guardan sus secretos desde entonces.

Después de años de un turismo poco respetuoso, hay algunas zonas prohibidas para los turistas, que en su momento expoliaron de los lindo.

Hay un pequeño hotelito y  una tienda donde comprar artesanía, paños teñidos con índigo y bogolán, tallas de madera y otras piezas de artesanía preciosas.

El camino desde Bandiágara puede hacerse sin problemas con cualquier vehículo, pero una vez en el país Dogón es todo pistas con bancos de arena en la temporada seca y con grandes charcas y barro a tutiplén en la de lluvias. Offroad friendly.