Hay dos formas de llegar en coche a Marruecos.

La primera es bordear el mediterráneo por la costa: Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Montenegro, Albania, Grecia, Turquía, Siria, Líbano, Israel, Egipto, Libia, Tunez, Argelia y Marruecos, al fin.  17 fronteras, unos 12.000 km, varias semanas de viaje y cientos de horas al volante… Un día de estos lo hacemos,  ya si eso…

La segunda es más sencilla: atravesar el Estrecho a bordo de una de esas moles flotantes llamadas ferries.

Actualmente hay siete navieras que realizan travesías a cuatro puertos de Marruecos  (TángerMED, Nador, Alhucemas y Tánger) además de a Ceuta y Melilla. Para buscar trayecto, precios y horarios es útil la web www.ferries.es. Otra opción es acercarse a las agencias de viajes de Algeciras (están todas en el paseo junto al puerto) o a la estación marítima y comprar los pasajes allí directamente. Es difícil calcular qué es lo más barato.  Antiguamente los precios eran fijos, pero ahora han adoptado el sistema de las aerolíneas y pueden variar muchísimo en función de factores como: si se compra el pasaje antes de la salida o a última hora, se reserva directamente a la naviera o a través de una agencia…etc.

El trayecto elegido para empezar nuestra tourneé marroquí ha sido el popular Algeciras – TangerMED.  Salimos un domingo del mes de Marzo, por lo que en el puerto de Algeciras había sobre todo camiones con sus conductores acostumbrados y casi aburridos, deseando subir al barco, comer algo en la cafetería y echar una cabezadita. También alguna familia marroquí en sus coches-tetris con el punto de equilibrio fuera de la foto, con una mezcla de cansancio y nerviosismo por la inminencia del reencuentro. Esta noche duermen, por fin, en casa. El embarque es puro espectáculo. Nunca dejará de maravillarme la capacidad de estos barcos que engullen sin empacho coches, camiones y autobuses y el arte de los operarios que los colocan al milímetro en sus gigantescas barrigas-garaje.

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Foto: Beatriz Rodriguez Montesdeoca

Durante todo el año la referencia es la hora de la reserva y hay que estar en la cola de embarque un par de horas antes de la salida, aunque casi siempre hay retrasos. La cosa cambia durante las grandes aglomeraciones de los meses de Julio y Agosto, entonces no se tienen en cuenta el orden de las reservas y hay que ponerse en la cola lo antes posible.

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Foto: Raquel Okakene

Una vez dentro del ferry nos dirigimos a la “mesa de los pasaportes” que instala la police para ir agilizando los trámites de entrada. Solo hay que rellenar un impreso y mostrarles el pasaporte, ellos comprueban si está en vigor por al menos 3 meses y estampan un sello con la fecha de entrada en el país. Ya estamos oficialmente en Marruecos.

Al poco de salir ya se divisa la costa de África. Parece que está ahí al lado y que se llega enseguida. Parece fácil. Hipnotizada por el oleaje y el olor a combustible pienso en las 5000 personas que cada año se animan a cruzarlo en sentido contrario, jugándose la suerte en pateras y lanchas hinchables, las despiadadas condiciones del viaje y los que se quedan en el intento, a las puertas de lo que fue su quimera…  Al escribir este post, me viene a la cabeza el discurso de  mi admirado Pepe Naranjo al recibir el Premio Canarias de Comunicación 2016 : “Nos toca elegir ser valla o puente de África (…) porque viajamos todos en el mismo barco, en este mundo ya no hay compartimentos estancos”

Entre estas reflexiones y paseos por la cubierta llegamos sin darnos cuenta al puerto de TangerMED.  Ya solo nos queda realizar los trámites de entrada del vehículo en un puesto de policía a la salida del puerto (en Julio y Agosto estos trámites también pueden realizarse en el barco) y habremos llegado, ahora si.

El puerto de TangerMED está a 45 km de Tánger y se inauguró en 2007 para desviar el tráfico de los grandes mercantes y  la mayor parte de los vehículos de los ferries que antes desembarcaban en el casco urbano de Tánger, liberando el centro de la ciudad de atascos y contaminación.

Circulamos ilusionados por la carretera que nos lleva a Tánger y después a Asilah. Y en el camino me doy cuenta de que no hay transiciones en Marruecos, se cae de golpe a una realidad distinta aunque lejanamente familiar, llena de contradicciones y sorpresas que han conseguido, sin el menor esfuerzo, atraparme en sus maravillosas redes para siempre.

“Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas.”  – Henry Miller 

Fotos de la galería: Beatriz Rodriguez Montesdeoca y Raquel Okakene