La primera vez que puse un pie en el continente Africano fue precisamente en esta breve ciudad que vive mirando al mar. Por eso le guardo un cariño especial y me hacía tanta ilusión llevar a allí a mi madre, que habiendo nacido muy cerca de allí, no había vuelto desde que tenía 5 años.

Como al llegar ya había anochecido, no pudimos reunirnos con los jóvenes de la ciudad para admirar la puesta de sol desde el bastión que sobresale hacia el océano. Pero si pudimos disfrutar de las pequeñas tiendas de artesanía en el laberinto que forman las estrechas calles de la medina, limpias y silenciosas, con una insólita calma. Más ajetreados, los puestos de caracoles en el paseo junto al mar y  la animada calle junto a la muralla portuguesa, llena de restaurantes “para cenar más barato, amego“.

Asila fue colonia romana y más tarde ciudad árabe. Fue conquistada por los españoles en el año 972 y más tarde por los portugueses, que fletaron 477 barcos con 30.000 hombres para hacerse con ella en 1471, mientras abrían su famosa ruta del oro a través de África. Pero los españoles volvieron en el s.XVII y recuperaron este puerto estratégico que permanecieron en Asila hasta el fin del protectorado en 1956.

Nos alojamos en el Hotel Belle vue Zillis. Sus mejores bazas: es económico y está muy cerca de la medina, además de contar con el simpático Mohammed tras el mostrador. Por lo demás, correcto. (Lo que se suele decir, sin pretensiones. Aunque yo creo que si las tenían, al menos en lo ¿ecléctico? de la decoración).

Lo mejor que puede hacer uno en Asila es acercarse al pequeño mercado junto a la “Puerta de Terra” (Bab-Homar), comprar algo de fruta o unas aceitunas y adentrarse en la pequeña Medina a callejear. Perderse no es un problema, estas callecitas tienen el poder de devolverte a cada rato a algún lugar por el que ya has pasado y te encuentras sin haberte orientado en realidad, en ningún momento. Es bonito admirar los frescos naif que decoran los muros de la ciudad, llegar hasta la punta del bastión, admirar desde allí el pequeño cementerio, que parece un mosaico de lejos y acercarse a la playa.

Asila también tiene su personaje, su pieza: El bandolero Raissouni. Famoso ladrón, pirata y asesino de finales del sXIX, su hazaña más célebre fue el secuestro del cónsul de Estados Unidos y un periodista del Times, que liberó tras el pago de un rescate de 14.000$. El pueblo de Asila le pidió después ayuda para liberarse de la tiranía del pachá local y Raissouni lo hizo tan bien que se convirtió en el nuevo gobernador ( y ya que estaba, amasó una gran fortuna). Cruel y conflictivo no le faltaron problemas, sobre todo con los españoles, dueños de la región. Después de la 1ª Guerra Mundial fue expulsado de Asila.

Asila es una ciudad encantadora, el nexo perfecto entre dos mundos. Su pasado tan ligado al nuestro, la hace familiar y amable. Para los que prefieran entrar en el agua poco a poco y no tirarse en bomba.

*No te despistes: Asila tambien es conocida como Assilah, ArcilaArzilla, أصيلة , y quizás algunos nombres más… también se usa su nombre pre-romano Zillis.

“El camino que nos une no necesita mapas” – El niño de las pinturas–  (Asila 2013)

Fotos de la galería: Beatriz Rodriguez Montesdeoca y Raquel Okakene