DIA 15 DE AGOSTO DE 2013. Cascadas de Karfiguela, Lago Tengrela, Banfora y Gaoua. Por Raquel “Okakene”.

Antes de amanecer ya estábamos despiertos. Vaya noche habíamos pasado, entre el ruido, la lluvia, el calor y lo apretados que dormimos cuatro personas dentro de la furgo….
Sin siquiera lavarnos la cara salimos cagando leches de allí. Qué ganas de dejar a tras ese odioso lugar junto a la oficina aduanera de la frontera de Burkina Faso.
Lo bueno de ese día es que el próximo control de paso estaba situado en las Cascadas de Karfiguela a las 11 de la mañana y teníamos tiempo de sobra .
Estas cascadas están cerca de la ciudad de Banfora en un valle precioso y rodeadas de gigantescos campos de caña de azúcar.
Nos costó un poco llegar. Siempre elegimos el camino largo, es la consecuencia de viajar “a pelo” , sin GPS, con la sola ayuda de la gente que pasa por allí. Lo que pasa es que a veces no hay nadie, o el que hay confunde izquierda y derecha, y así nos va…¡jajaja!
Diré en nuestra defensa que esos campos de caña son un verdadero laberinto.
El caso es que a pesar de ir con tiempo de sobra, se nos hicieron las once de la mañana casi en seguida. Pero llegamos que es lo importante.
Por el camino atravesamos varios poblados junto a una falla rocosa color violeta e inmensos árboles de mangos a los lados del camino, un paisaje precioso. Y la fábrica de azúcar Sosuco, famosa en toda Burkina.
Íbamos por esas pistas de tierra roja cuando vimos tres todoterrenos parados a un lado. Eran los supertoyotas de “Curro” “Lenteja” y “Álvaro” . ¡Qué alegría verles de nuevo! Hacía muchos días que no sabíamos nada de ellos.
También llevaban un par de días rodando por su cuenta, desde que los equipos de “AOV” y “Pájaro” se quedaran a tascados en Malí por culpa de un camión averiado en medio del paso de un río.
Sabíamos que estaban cerca porque ayer nos lo dijeron en la frontera, que les habían visto pasar unas horas antes que nosotros.
Así que llegamos todos juntos a las cascadas. Hay un paseo hasta llegar arriba donde están las piscinas y aguas más tranquilas. Y las vistas son espectaculares.
El cielo plomizo prometía lluvia, pero nos animamos a subir por ese camino de escalones de roca. Cogimos hasta el bañador, qué optimistas. Bañarse allí era imposible. Las lluvias abundantes y recientes habían hecho crecer la corriente de las cascadas un montón. El aguas estaba muy turbia y bajaba con demasiada fuerza. Y por si nos quedaban dudas se nos puso a llover. No nos bañamos ¡pero nos duchamos!

Una vez de vuelta a los coches enfilamos caminito al Lago Tengrela, pero los guardas forestales nos recomendaron no ir. El camino estaba lleno de barro y dudaban de que nuestra furgoneta se quedara atascada.
Yo ya conocía el lago y había visto allí los hipopótamos varias veces. Amaya y los niños también habían estado allí hace un par de años.
Así que decidimos no arriesgarnos. Nos despedimos de los compañeros que se alejaron hacia allí con el runrún de sus 4×4 y nosotros nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad de Banfora.
Como llovía sin parar nos limitamos a comer un buen filete de cebú a la pimienta en el restaurante “Mc Donalds” que nada tiene que ver con la cadena homónima. Qué bueno estaba , nos supo a gloria y por 1800 CFA, menos de tres euros.
Después de comer tomamos la pista de tierra hacia Gaoua. Es una pista estupenda, ancha y lisa, bien cuidada, sin demasiados baches.
Circulábamos despacio porque a pesar de que la pista estaba en muy buenas condiciones había poblados cada cinco Kilómetros, gente, animales, motos, etc… Y hay que tener cuidado, no es difícil que haya un accidente.
Y se nos hizo de noche, de repente, sin avisar. Eran las nubes más negras que había visto en mi vida. Y venían con intención de descargar. Había llovido intermitentemente todo el día, pero nada que ver con lo que se avecinaba…
Empezó a llover torrencialmente, a lo bestia, una cortina de agua que no nos dejaba ver a dos metros. Pensamos en parar, pero estábamos en medio de la nada, en un camino cada vez más lleno de barro. Si parábamos allí nos íbamos a quedar atascados. Seguro.
En ese momento sentí un orgullo inmenso. Habíamos recorrido medio Mauritania, Malí y un buen cacho de Burkina dos mujeres y dos niños en una furgoneta. Solos y sin ayuda, resolviendo las situaciones que se nos iban presentando.
Y eso que como dice Miquel Silvestre “No es país para moñas”. Y nosotros no lo fuimos. Este viaje se puede hacer sin un 4×4, sin GPS, sin un madelman al lado y sin “estar locas” (que es lo que nos dijeron muchas veces antes, durante y después del viaje).

Decidimos continuar despacito y así avanzamos unos cuantos kilómetros más. Hasta llegar a Gaoua.No pudimos visitar Kampti ni las Ruinas de Loropeni. Fue imposible en esas condiciones. Otra vez será.
Nos acercamos al “Hotel Hala” donde estaba previsto el siguiente control de paso. Y estaba allí casi todo el mundo. Algunos dormimos en el hotel, otros decidieron dormir en los vehículos en un campamento cercano.
Había sido un día duro, y era de los que en principio parecían más facilones. Pero África es así, completamente imprevisible.
Yo cené unas verduras, me di una buena ducha y caí redonda en la cama. Estaba agotada y dormí como un bebé.