DÍA 13 de AGOSTO de 2013 – Un día en Bamako 

Nos levantamos en la habitación de nuestro resacoso hotel. Habíamos dormido muy bien, teníamos toda la ropa limpia, móviles, ordenadores y cámaras con la batería a tope y las tarjetas de memoria limpias. ¡Habíamos hecho un “reset” en toda regla!
Muy animados nos dirigimos al control de paso que era a las 11:00 en la Cafetería Relax, en la otra punta de Bamako.
Cogimos la furgo y otra vez a dar vueltas, a nuestro estilo de siempre. Pero al final llegamos y a la hora en punto. Aparcamos y fuimos a la cafetería a esperar nerviosos la llegada de los compañeros. Llevábamos días solos y nos apetecía verlos, compartir batallitas y seguir rodando juntos. Y esperamos y esperamos… hasta que me llegó al móvil un mensajito de “Cafetero”. Me contaba que estaban atascados, que se iban a retrasar, que habían cambiado la hora del encuentro a las 17:00h. “Pues queda un buen rato… bueno, aprovecharemos para hacer un poco de turismo por aquí”
Así que nos cogimos un taxi hasta el “Grand Marche” de Bamako. Yo recordaba un paseo que había dado por allí en 2010, había comprado cosas preciosas y me lo había pasado muy bien, regateando con lo comerciantes y esas cosas tan africanas. Y tenía ganas de enseñárselo a Amaya y sus niños.

Comenzamos a pasear y empezaron a asaltarnos los clásicos “guías” del mercado, te acompañan por el mercado y luego los propietarios de los puestos donde compras les dan una propina, por traerles clientes. Se notaba que últimamente no había muchos turistas por allí y los artesanos estaban un poco desesperados, no vendían mucho…
A mi me hubiera encantado comprar un montón de cosas, telas, bogolán, máscaras, collares, batik…. Pero no tenía mucho dinero, ni espacio en la maleta… ¡ains!
Otra vez, será… Kuami se compró una bolsita de cuero preciosa y un collar que imitaba el colmillo de un cocodrilo.

Después de dar esquinazo a nuestro grupo de guías cada vez más numeroso (qué majos pero qué agobio), nos paramos en el puesto del tapicero.
Los asientos de la furgo estaban ya desgastados, tenían encima muchos años y muchos kilómetros. Enseguida salió el “patrón” , necesitaba tomar medidas, así que nos siguió en su moto hasta que llegamos al parking de la cafetería Relax, donde habíamos dejado la furgo. Tomo medidas, hizo sus cuentas y se marchó corriendo. Volvió en dos horas con las nuevas colchonetas, a medida, perfectas y de colores chillones, africanas total ¡qué chulas!
Las viejas se las regaló Amaya al vigilante del parking, un señor algo mayor que nos había cuidado la furgoneta todo el día, mientras paseábamos por Bamako. Se puso muy contento, ellos las aprovecharían.
Comimos un kebab en la Avenue del Hipódrome y café en “Relax” mientras seguíamos esperando a los otros equipos…Y esta vez si que llegaron, algunos….
Nos reunimos con Pasqual y Concha y mas tarde con Pep y Cristina “Jeepep”.
No apareció nadie más. AOV y Pájaro atascados y volviendo por Kayes, demasiado lejos. Y de los demás equipos no sabíamos nada, en fin, había que continuar, lo importante era ir cumpliendo con los horarios y días de los controles de paso, para que cada equipo se reenganche cuando quiera o pueda.
Esa noche dormiríamos en Bamako, pero esta vez en el Hotel IMI, tan lejos como el otro, pero mucho más tranquilo y con wifi.
Cenamos brochetas y dormimos muy bien, en un habitación en la azotea del hotel, amplia y fresca. Mañana seguiríamos rumbo a la frontera con Burkina, mi queridísima Burkina Faso.