DIA 16 DE AGOSTO DE 2013. De Gaoua a Diebougou. 

Ese día me desperté en el Hotel Hala. Había dormido como un lirón. Recogí mis cosas, lavé algo de ropa y la tienda de campaña que estaba llena de barro desde hace dos días. Si no la limpiaba bien se iba a estropear.
Y me reuní con Amaia y los niños en el Hall del Hotel.
Los equipos de los supertoyotas ya se habían ido, querían avanzar y se saltaron el día de descanso en Gaoua. Pasqual y Concha decidieron avanzar también. Ellos ya conocían el Ranch Nazinga que era lo previsto para el día siguiente y preferían saltarse ese día del programa y visitar más despacio la zona del País Kassena y el bonito poblado de Tiebele.Jeepep y su co-pilota Cristina le daban vueltas al asunto mientras introducían waypoints en su GPS.
Nosotros lo teníamos claro. No nos queríamos saltar más controles de paso y mañana habíamos quedado en reunirnos con el equipo DScoordinator y Pájaro en el control de la Casa Escondida de Diebougou.
Dimos una vuelta por Gaoua, hicimos gestiones como llenar el depósito de gasoil y sacar dinero del cajero y nos fuimos a visitar el Museo Etnográfico.
Yo ya lo conocía, había estado allí otras veces, pero aprendí muchas cosas nuevas sobre las tribus que habitan el País Lobi y su historia. Son pueblos animistas y guerreros. La combinación vudú-guerra tiene como resultado costumbres y ritos alucinantes.
Y hubo una que me llamó poderosamente la atención. Cuando un Lobi mata en la guerra, después, una vez de vuelta en casa, esculpe en madera a sus víctimas. Así les muestra su respeto y obtiene su perdón.
En la segunda Guerra Mundial Muchos soldados de Burkina Faso fueron a luchar a Europa en el ejército francés. Y los pocos que regresaron esculpieron en madera a los soldados europeos muertos, con uniforme y todo. Hoy están en el Museo de Gaoua junto con una colección de piezas originales y fotografías muy interesantes.

Ya se había hecho medio día y teníamos hambre. Comimos en un restaurante, en una terracita a la sombra, las chicas que lo llevaban eran muy simpáticas y estuvimos un buen rato conversando y riendo con ellas. No nos aclarábamos, la carta, el menú, lo que había, lo que no había, lo que estaba en la carta pero se había agotado, lo que no estaba en la carta pero sí había…¡jajaja!
Al final pedí un Ragout de Gname, que estaba buenísimo. De lo que pidieron los demás ni me acuerdo con tanto lío.

Y después cogimos la carretera, como todos los días rumbo a Diebougou. Llegamos en seguida, había muy pocos kilómetros y el control de paso no era hasta el día siguiente por la mañana.
El hotel que conocíamos allí estaba en obras y tuvimos que buscar otro, preguntamos a un par de personas y todas nos recomendaron el mismo, el “Hotel Depako”. No por nada, es que es el único que hay…
Y allí no dirigimos claro, había wifi y las habitaciones estaban más o menos bien, a 7000 CFA. Nos pareció razonable y decidimos coger una. Y ¡sorpresa! Nos dicen que el precio es diferente, que son 10.000 cfa por ser dos personas del mismo sexo. “Eiiiin?” Amaia y yo flipábamos. Por lo visto al dueño de este hotel no le gustas las “perversiones” y sube al precio para evitar que se alojen allí parejas homosexuales.
Discutimos por lo menos dos horas con lo empleados, los pobres no sabían que hacer “Yo no he puesto las normas, es mi patrón…”.
Al final dormimos allí, no había muchas opciones más.
Esa noche se acercó hasta el hotel Yaya y su amigo Adama. Nos habían orientado por la tarde y veían a comprobar si habíamos llegado bien. Yaya es el guía “oficial “ de Diebougou y quedamos con ellos para visitar la Casa Escondida al día siguiente.
Nos acompañaron durante la cena y después fuimos a dar un paseo por la ciudad a comprar un par de cosillas y regresamos al hotel para acostarnos prontito. Aunque habíamos tenido un día tranquilo, ya se notaban los días y kilómetros que llevábamos encima, estábamos cansados…
Los chicos se despidieron amablemente, con una sonrisa. Aunque “pa mí” que esperaban una copa, un baile y un “loquesurja” (y se fueron con las ganas…)
Al día siguiente nos levantamos y salimos rápido de allí. El conserje era otro que no tenía ni idea de nuestras discusiones de la noche anterior y nos cobró el precio “normal”. Menos mal.

Corrimos a la Casa Escondida donde nos estaban esperando ya AOV, Cafetero, Pajaro y Aguirre. El reencuentro fue glorioso. La ruta une mucho, muchísimo, y les habíamos echado de menos.